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jueves, junio 18, 2009

QUISIERA (Parte I)

Justo ahora que he espantado mis angustias, te sientas al lado mío, en el lugar desde donde acosaban mis pensamientos, y te atreves a preguntarme cómo quiero sentirme? Pues te diré:

Quisiera reír menos y llorar más pues por reír tanto es que he perdido el sentido de las proporciones y ya no distingo lo que me duele de lo que me hace trizas.

No lloras porque no quieres, pues tienes tanto miedo a ver caer un castillo de naipes que no has visto la fuerza de tus cimientos.

Quisiera que esas voces se callaran por un momento y me dieran al menos un segundo que dure media vida para estar en paz. Con todo y que sus intenciones son las mejores, quiero que todos esos sueños se calmen un poco y me dejen pensar realmente cómo los puedo dar a luz.

Dale uno a uno la palabra, para que sin tanta bulla, te expresen qué quieren ser y a donde llegar.

Quisiera que todo fuera más fácil. Que la ansiedad se curara con dos cucharadas de limón y que una pena de corazón se aliviara con agua fría en los pies.

Todo es fácil pero no lo ves porque te gusta complicarte. Cada situación tiene un principio y un final, pero te enredas porque en el fondo no quieres que terminen. El dolor te complace pues así crees que generando compasión alguien se fijará en ti.

Quisiera que los problemas no fueran tan grandes como mis ganas de dormir eternamente y que por un momento al menos, esa nube perezosa se corriera para que el sol ilumine mi cabeza y cualquier pensamiento oscuro quede sin lugar donde habitar.

Eres tu quien decide albergar pensamientos oscuros y dejarlos crecer cuando la esperanza pierde la pelea y no te insiste más. Si por un momento dieras la palabra sólo a la fe, estarías más lejos.

martes, abril 14, 2009

Las sorpresas del corazón

Cuando salimos se Bogotá tenía la sensación que lo hacia por tanto tiempo que sería difícil asumirlo, sobre todo teniendo en cuenta que habría una Pascua de por medio.

En la medida que pasó el tiempo, entre los templos del consumismo y el afecto de nuestros anfitriones, desfilaron por mi cabeza demasiadas cosas por las cuales debía dar gracias a Dios: por encima de todo sentirme orgulloso de mi origen por más peso que ello represente; tuve la gracia de nacer en una región que pese a la angostura de sus calles siempre hay alguien atento a responder con una sonrisa ante un saludo sincero.

Lo que aprendí y con lo que regreso es que se necesita a gritos dar gracias todos los días a Dios porque sus propósitos con cada uno de sus hijos son más evidentes de lo que parece. Al menos el mío es sentirme orgullosamente colombiano y si pertenezco a ese país es por algo.

Acerca de mí

Diseñador gráfico de la UJTL de Bogotá, Colombia. Convencido que algo nuevo se aprende todos los días y mejor aún, no se puede callar. A alguien le servirá.

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